Hay veces en que es necesario romperse, así, total y completamente hasta lo más profundo de uno mismo. A partir de ahí empieza un hermoso trabajo de creación con la opción de soltar todo lo viejo e inservible, aquello que ni siquiera era tuyo y no lo sabías.

Hay tantas ideas heredadas, en cuanto a cómo deben ser las relaciones con la familia, la pareja, los hijos, el trabajo,  las responsabilidades, etc., que simplemente las hemos ido aceptando porque sí, porque estaban ahí, porque era lo que papá o mamá hacían, porque era en lo que todo el mundo creía, pero no todo eso es verdad, al menos no para todos todo el tiempo. Y tratar de que esas reglas funcionen para uno puede ser desgastante.

 Es necesario realizar un ejercicio crítico del por qué hacemos las cosas que hacemos y si hacerlas nos hace felices o nos lleva a donde queremos ir o nos aleja de ello. Estamos en este mundo y la razón es ser felices, así que lo que hacemos ¿nos acerca o aleja de la felicidad?

Ejercer nuestro derecho a la libertad antes de que la tormenta nos obligue a hacerlo es menos duro, aunque implica desafíos. Ser uno mismo requiere de valor para por principio de cuentas saber quién rayos es uno y luego para permitirse serlo.

Dentro de cada uno siempre bulle en mayor o menor medida esa necesidad de ser lo que realmente se es, expresar un yo verdadero y si no facilitamos las cosas, algo sucederá que nos rompa, esa es la tormenta, que invariablemente llega a nuestra orilla con el propósito de quitarnos de encima todo lo que nos impide ser felices.

Rompernos duele, por supuesto, porque siempre duele tener que romper nuestros conceptos ideales de la realidad como también duele darnos cuenta de que la realidad no siempre es igual a lo que imaginamos y deseamos que sea. Duele no poder encajar en aquello que la sociedad o la familia o el ambiente laboral o quien sea, quieren que encajemos. Es nuestro anhelo desde la concepción ser aceptados, pero no habrá sensación de aceptación si primero no nos aceptamos y amamos a nosotros mismos.

¿Quién eres?, ¿qué quieres?   Ahí es donde hay que empezar.

Romperse, entonces, no es tan malo como parece, si estamos decididos a sacar algo bueno de eso. En una de esas y te das cuenta de tu verdadera grandeza y te permites emprender el vuelo de libertad.

 

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