Miss Kitty y Lord Byron
Miss Kitty y Lord Byron

Hay historias que empiezan con un accidente, ésta parece ser una de ellas, aunque yo sé que en el universo no existe nada accidental.

Una mañana de colegio atropellaron a una gata ante la mirada desconcertada de algunos de los niños. La directora, amiga mía se encargó de llevar al veterinario al maltrecho animal mientras su joven camada seguía resguardada bajo el montón de rocas de mármol que dan vista a la entrada del recinto.  Las maestras se dieron a la tarea de buscar familia  a los cuatro pequeños desamparados y esa fue la razón de que mi casa fuera hogar de paso. No fue tarea fácil sacarlos de su escondite el cual sin duda era el único mundo que los felinos conocían hasta ese momento y que les procuraba resguardo. La tarea duró un par de semanas, eran muy astutos, ágiles y pequeños, por lo que podían esconderse sin poder ser alcanzados en ese reducido espacio. La paciencia de las maestras rindió fruto y poco a poco fueron atrapando a la familia de escurridizos. Nos llevaron dos, los últimos, los más listos o quizá los más temerosos. Cuando llegué a casa había una caja cerrada cuyas paredes sin duda les daban algo de protección a los pequeños, quitamos la tapa con mucho cuidado, despacito para no asustarlos y ahí estaban, tan pequeños, mirándonos con sus ojitos asustados y defendiéndose salvajemente con furiosos bufidos de la amenaza que les representábamos. Al final, la persona que quería adoptar cambió de opinión. Les dimos alimento, su espacio para que no se sintiera amenazados, un buen cajón de arena y poco a poco se fueron sintiendo más cómodos. Huían menos, aunque a decir verdad, en cuanto a compañía se bastaban a si mismos, ni siquiera parecían notar nuestra presencia hasta que claro, tenían hambre, entonces nos maullaban para que los atendiéramos. Aunque busqué adoptantes, dejé de hacerlo cuando ellos me adoptaron. Lo importante aquí es que cada vez más, conforme ellos fueron sintiendo seguridad se fueron acercando a nosotros. Aún hoy en día, a la hembra le gusta estar en donde yo me encuentro, casi todo el día duerme pero lo hace cerca de mí. No con todas las personas se sienten cómodos y cuando es así, simplemente se mueven a su lugar seguro.

Pasaron los meses. Una mañana invernal  recibí la llamada de una amiga cuyo corazón le ha llevado a ir rescatando perros de la calle , me habló de uno que estaba perdido y me pidió ayuda, lo pensé por varios segundos, me convencí diciendo que era de paso, mientras encontraban a sus dueños. El pequeño tenía frío, estaba temeroso y con heridas en uno de los cuartos traseros que no le permitían apoyarse. Limpié sus heridas y le di Reiki,  al día siguiente ya podía caminar.

La pregunta que cruzaba por mi mente, ¿se iban a llevar bien perro y gatos? Cuando Tito (así llamamos al perro y seguramente estarás intuyendo que él tampoco se fue), exploraba la casa, se cruzó con la señorita Kitty, la que  inmediatamente le hizo saber quién es la que manda mostrándole los dientes y haciendo ese sonido particular de ¡No me gustas!  El gordo y bonachón Lord Byron, por su parte, fue más tolerante y curioso y en una de esas veces en que se toparon de frente, empezaron a olisquearse las narices y eso fue todo. No hubo dramas, ni guerras, señorita Kitty poco a poco se relajó, y se sintió segura con el extraño nuevo inquilino. Tito los deja comer de su plato pacientemente hasta que se sacian. Descubrí que no es precisamente sumiso, cada mañana le hace frente a un labrador que pasa enfrente de la casa y que por lo menos le triplica el tamaño, se le enfrenta con ladridos potentes alertándolo que ese es su espacio y que no se atreva a meterse con él.  Fácilmente, si quisiera podía haberle declarado la guerra a los gatos, pero simplemente no le interesó, porque se siente cómodo y los gatos también. Me gusta la armonía que hay en su relación, se sienten seguros y confiados en que todo está bien.  Cuando eso pasa, nadie tiene la necesidad de defenderse o amenazar, simplemente hay una aceptación que les permite convivir en armonía.

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Lord Byron acompañándome mientras escribo
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Tito y yo
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