Cilantro

Hace unos meses apenas,brotó ya de manera física la idea de crear un huerto urbano, misma que venía rondándome en la cabeza desde Diciembre pasado que visité a una buena amiga quien me contagió por el placer del cultivo en casa.

Puse manos a la tierra y ahora me encuentro incursionando en este mundo, para mí, maravilloso de  la generosidad de la naturaleza. Ha sido terapéutico y además de satisfacción me está dejando múltiples enseñanzas, sin  buscarlo.

De pronto me veo en mi cotidianidad relacionándome con las mismas cosas de formas mas equilibradas. Quiero compartir con ustedes varias cosas que he ido aprendiendo en el camino:

Sin prisas, todo tiene su tiempo.

Por más que te le quedes viendo a la tierra luego de haber puesto la semilla, ésta no va a germinar más pronto. Cada semilla tiene la información exacta para hacer lo que tiene que hacer y convertirse en su potencial. Así que uno de los regalos que me ha traído esta práctica es la paciencia. Cuando confías en que todo está dispuesto para que la realidad te muestre aquello que está esperando el momento de surgir, dejas de tener prisa y ansiedad.

Nada es personal

Los insectos que llegan a alimentarse de las hojas de los cultivos, lo hacen porque es su naturaleza, no tienen la consigna de molestarte de ninguna manera, igual que las personas hacemos lo que hacemos porque es lo que sabemos hacer y cada una responde a su historia y aprendizaje, la mayor parte del tiempo sin ni siquiera ser conscientes de porqué actúan como lo hacen. Tomárselo personal, es dar demasiada importancia a algo que no lo tiene.

Hay soluciones ecológicas

Cuando la mosquita blanca, por ejemplo, decide que las hojas de los tomates son lo que necesita para vivir y se los encuentra en mi patio, he encontrado muy útil un té cuyo olor ahuyenta a este y otro tipo de insectos. Así que respetando la vida de los insectos, respeto la mía. Evito usar productos químicos  y mantengo mis cultivos libres de sustancias tóxicas. Por lo tanto no se trata de pelearse con la vida ni con aquello que en ella nos incomoda sino de evitar permitir que lo que es nocivo entre en nuestro campo de acción.

Hay que elegir qué dejar y qué quitar

Esta es la parte que me ha costado más. Quitar la mala hierba es sencillo, pero cuando se trata de algo que yo misma sembré, pero que no tiene espacio y hay que hacer un repicado, o quitar los chupones de las plantas de tomate, ya me cuesta. También en ocasiones es necesario sacrificar una planta para salvar otra, es parte del control biológico de plagas.

Todo o casi todo es re usable

Cajas de verdura, arpillas, envases de plástico son materiales que se puede11853801_10206988964023793_1937345054_nn aprovechar bastante bien. Pero donde veo que no hay desperdicio alguno es con las lombrices. Los restos de la cocina van a la vermicompostera, las lombrices satisfacen sus necesidades alimentarias y me regalan humus para los cultivos, es así como tenemos una relación de ganar-ganar.

Ojalá todas nuestras relaciones fueran de esa naturaleza.

Ahora estoy experimentando con acelga, espinaca, tomate, rábanos, cilantro, diferentes especies de chile y plantas aromáticas como orégano, hierbabuena, menta y albahaca. Independientemente del resultado, a mi parecer, esta práctica está rindiendo sus frutos día con día. Para mí ha sido algo muy enriquecedor de muchas maneras. Ya les contaré lo que se siente servirse la primer ensalada cortada del traspatio.

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