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Entender las relaciones en la nueva energía es algo que escapa a la comprensión de la mente y a las referencias que tenemos acerca de cómo son las relaciones.

La libertad es el elemento alquímico que viene a cambiarlo todo en el juego.  Libertad implica autonomía, respeto y confianza absoluta, primero en uno mismo.

Cuántas veces sin embargo se ha confundido el amor con necesidad, dando éste elemento ese matiz, incluso romántico y dramático a las relaciones: – “No puedo vivir sin ti” Ésta frase denota un terrible miedo a la pérdida, a soltarse de la mano del otro y muy en el centro de todo, miedo a no poder enfrentar la vida por sí mismo.

En la libertad hay ausencia de control. El otro no es una persona a la que se tenga la necesidad de manipular para que satisfaga las propias necesidades, porque esas ya están satisfechas de antemano por uno mismo. Llegar a este punto sin embargo requiere de un valor particular para enfrentarse al propio vacío y encontrar que ese vacío no puede ni podrá ser llenado por nada afuera, que no existe vacío, incluso, ha sido una percepción ilusoria  en la que hemos creído ser personas a medias. Y esta ilusión nos llevó en el pasado en una carrera por tratar de completar aquello que se percibía como una falta. Nadie está incompleto, es sólo que esas partes ausentes a la propia percepción han sido negadas o rechazadas. Una vez abrazadas con amor perfecto éstas retornan a su sitio y la ilusión desaparece.

En la libertad existe un profundo respeto por los deseos del propio corazón y por tanto un profundo respeto por los deseos del corazón del otro. No hay antagonismos, ni miedos. Se disfruta de las experiencias en común, de una vida en común, aún con las diferencias, pues éstas no representan amenaza, enriquecen la convivencia. El propio yo vive seguro en su propia plenitud.

En la libertad las parejas se eligen, prevalece el amor.  Es el deseo de estar unidos y de compartir la vida lo que hace que estén unidas.

En la libertad cada uno es responsable de su felicidad y esa felicidad la comparten con el otro.

En la libertad se respetan los procesos de cada uno, porque hay entendimiento de que cada quien tiene sus propios desafíos y su  propio paso. Existe la confianza en que las crisis personales serán resueltas en el momento en que la persona en crisis esté lista para ello y elija salir de eso.

En la libertad cada uno se alimenta de su propia energía, se reconoce como la fuente de toda su realidad y por lo tanto al hacerse responsable de ello, no necesita que alguien más sea la fuente de solución a sus problemas.

Visto así, nuestro viejo humano pensará que eso no es una relación de pareja, ya que nada de lo conocido prevalece ahora. Pero es el amor, el verdadero, incondicional el que prevalece, lo cual en la vieja energía se mantenía al margen de los miedos, las necesidades y las dependencias, creando muchos desequilibrios.

 

Cristina Galván

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